El coche estaba estacionado en una calle tranquila cerca de la casa de Ellis, y Leonardo y Matarazzo, dos matones de Vittorio Amorielle, estaban sentados dentro de él, vigilando la residencia. Mientras esperaban, los matones aprovecharon para comer una comida rápida. Comían sándwiches fríos mientras mantenían sus ojos en la casa. Era una noche tranquila hasta que notaron una figura pequeña afuera de la residencia.
Donna, la hija de Ellis, estaba parada en la puerta principal, lágrimas corriendo