Ninguno de los presente podía dar crédito a lo que decía ella. Y lamentablemente la joven no tendría de su parte bonitas palabras en las que pudiera refugiarse. Estaba sola en ese momento, se miró las manos y finalmente se cubrió el rostro cayendo de rodillas al suelo. El quiebre fue inmediato, los sollozos no se detenían.
Se escucharon maldiciones, la voz cargada de enojo de Giselle que fue detenida por el propio Adrick por petición de se padre. Y ella fue recogida por su padrastro, quien la