Capítulo 61. Aroma que Apuñala
—Algún día tendrás que saber que tu madre no es una cobarde, Felix. Solo estoy robando de vuelta la vida yang nos arrebataron.
Las manos de Elara temblaban mientras cerraba aquel pequeño diario de cuero de color desgastado. Lo colocó debajo de una pila de pañales de tela en el cajón de un armario de madera que olía a humedad. La luz del sol matutino de Barcelona se filtraba por la rendija de la ventana, iluminando las motas de polvo que danzaban en el aire. Felix acababa de quedar satisfecho y