—Maldic1ón, todo esto es una maldit4 confusion, —gritó Gabriell mientras sus nudillo sangraban.
Se acercó a Enmanuell y lo agarró por el cuello haciendo que visible la mancha de sangre que se empezaba a ver más grande en su ropa.
—¡Enmanuell! —dijo Arielle apresurada a ayudarlo al ver que se tambaleó un poco.
—Necio..no debiste salir del hospital —renegó Gabriell llevándolo a una habitación mientras Arielle marcaba en número de emergencias.
Corrió tras de ellos y trató de desinfectar la herida