Llegaron a la hacienda en completo silencio, Luz y Rebeca no pronunciaron palabras, Arielle no pidió, ordenó que guardaran silencio.
—No hace falta recordarles que a nadie ni una sola palabra de lo que sé, este no es asunto de ustedes. —dijo de forma arrogante y caminó en dirección de la sala.
Luz la miró alejarse y era una completa extraña, su indiferencia les dolía tanto, porque ella era la única persona que conocían y confiaban ahí fuera.
—Me duele su actitud, no creí que se formara todo