POV DE EMBER
Knox duerme como un hombre que no lo ha hecho en años. Lo cual, conociéndolo, podría ser realmente el caso.
Su cara en mi regazo, un brazo echado sobre mis muslos, el otro metido bajo la almohada que le puse al lado alrededor de la hora tres porque la pierna se me estaba quedando dormida y me negué a despertarlo por algo tan egoísta como la circulación de la sangre.
Su respiración ha sido constante durante seis horas seguidas. No ha tenido pesadillas ni parpadeos dorados detrás de