Capítulo 485
Ella no iba a ceder tan fácilmente.

Si Benedicto podía encontrar una solución, ella también podía.

Después de hablar, Fabiola se sentó en una silla junto a la cama y continuó estudiando los documentos.

Observando el hermoso perfil de Fabiola, Benedicto sonrió ligeramente.

La tranquilidad de estos días en el hospital lo hacía sentir extrañamente a gusto, como si el hospital fuera un lugar acogedor.

Justo en ese momento, el médico que hacía la ronda entró.

—Señor Sánchez, señora.

El médico saludó
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