Ella no iba a ceder tan fácilmente.
Si Benedicto podía encontrar una solución, ella también podía.
Después de hablar, Fabiola se sentó en una silla junto a la cama y continuó estudiando los documentos.
Observando el hermoso perfil de Fabiola, Benedicto sonrió ligeramente.
La tranquilidad de estos días en el hospital lo hacía sentir extrañamente a gusto, como si el hospital fuera un lugar acogedor.
Justo en ese momento, el médico que hacía la ronda entró.
—Señor Sánchez, señora.
El médico saludó