—¿Hay alguna pregunta más? —preguntó Fabiola con calma.
El impulso de la multitud disminuyó un poco.
Todos se miraron, ninguno se atrevió a decir algo más y murmuraron que no había problema antes de salir rápidamente.
Una vez fuera, no pudieron evitar quejarse.
—¿Qué le pasa, comió pólvora?
—¿Cómo no va a estar furiosa? Si yo fuera ella y perdiera mi última esperanza, Rosalía, también estaría furiosa.
—Esto es lo que llaman furia impotente. Ay, antes les decía a mis amigos que iba a trabajar en