Estos últimos días, Benedicto había intentado de todo para hablar más con Fabiola, pero...
Y su verdadera identidad era algo que podía hacer que Fabiola hablara fácilmente.
—Hmm —Benedicto tragó saliva, luchando por reprimir el fuego ardiente en su pecho.
No quería asustar a Fabiola de nuevo.
—Gracias, por tenderme la mano en varias ocasiones. ¿Cuándo tienes tiempo libre? Me gustaría invitarte a comer —Fabiola no se percató de la agitación de Benedicto.
La mano de Benedicto, apoyada en el sofá,