Mario sonrió: —No hay problema, ah, por cierto, ¿dónde estás ahora?
Fabiola: —Estoy en casa.
Desde el otro lado vino un sonido sofocado.
Fabiola curiosa: —¿Qué pasa?
Mario se secó el agua de la boca: —No, nada…
Su pobre hermano otra vez había fallado en su intento.
No se podía negar, ¿era esto una señal del destino diciendo que no debía seguir intentando, que realmente estaban destinados a no estar juntos?
Mario sostenía el teléfono, indeciso sobre si debía llamar a Pablo para contarle esto.
...