Comparado con ese bruto de Jason, Julián era un santo.
Por eso seguía sin entender por qué continuaba acudiendo a él.
Tan pronto como Julián se quedó dormido, revisé mi teléfono y vi dos mensajes de dos números diferentes.
El primero era de Jason, escrito a toda prisa con el hambre reflejada en sus palabras: "A mi casa. Ahora".
Y el otro... un extraño al que conocía demasiado bien: "¿Sabe tu novio que te gusta que te follen así?".
No respondí al segundo mensaje, pero incluso mientras camin