Miro a esas dos bolitas de carne, una la sostiene mi madre y otra mi padre.
¿Cómo es que se me pasó por la mente la idea de no quererlas? Jania y Janne son ahora lo mejor de mi vida. Son tan hermosas, pequeñas y rubias.
Barry y yo estuvimos todo el día de ayer decidiendo los que iban a ser sus nombres, hasta nos peleamos. Yo quería que fueran Mariana y Mackenzie, pero esta vez no me salí con la mía.
—Ya es hora de que nos vayamos —anuncia Barry cuando entra a la habitación. Ni mis hijas ni yo tu