Punto de vista de Sienna
Al otro día me levanté muy temprano, Aidan todavía dormía, me dí un baño, y me vestí en silencio, salí de la habitación y bajé a la cocina. Mi madre estaba ahí, preparando café. Me miró y dejó la taza.
—Hija, tienes cara de no haber pegado ojo.
—Mamá, necesito hablar contigo, a solas.
Ella apagó la cafetera y se sentó, yo me senté enfrente.
—Voy a irme esta noche, me llevaré a Leo, y tú vienes con nosotros.
Ella me miró sorprendida.
—¿Qué?
—Nos iremos dura