Cuando la gran sombra del hombre descendió, Jiang Sese se encontró con la profunda mirada de Jin Fengchen. Intuyó lo que se avecinaba y se sonrojó aún más. Se escondió entre las mantas, pero Jin Fengchen la sacó de ellas.
“Sese”. La voz baja y ronca del hombre llegó a los oídos de Jiang Sese.
El suelo estaba cubierto de ropa. La pálida luz de la luna brillaba a través de las rendijas de las persianas como finas astillas, como si intentara descubrir los secretos de su interior.
Al día sigui