Mo Tingfeng se sentía muy incómodo, pero se vio obligado por el aire opresivo que la rodeaba y finalmente no tuvo más remedio que bajar la cabeza y beber obedientemente de la copa.
Quizá porque estaba muy nervioso, se atragantó con el agua. Tosió varias veces, lo que agravó la herida de su cuerpo.
Volvió a jadear de dolor.
Durante un rato sintió dolor y también ganas de toser. Parecía muy avergonzado.
Cuando se recuperó, no sabía qué hacer. Sintió que su reputación de veintitantos años se fu