Narrado por Liam Donovan
El muelle de carga estaba sumido en una oscuridad asfixiante, solo interrumpida por el parpadeo de una farola vieja que zumbaba como un insecto moribundo. Bajé del coche con el arma en la mano, cada uno de mis sentidos gritando peligro. El olor a salitre y a óxido me devolvía imágenes de la confesión de Mia: la sangre en el asfalto, el disparo de Mark, el inocente que perdió