Gabriela al abrir la puerta se sorprendió cuando vio a Julio Fernández.
— ¡Julio! ¿Qué haces aquí cariño? ¿Y a esta hora?, son las cuatro de la mañana. Porque no me avisaste que vendrías. —dijo Gabriela.
—¿Puedo pasar?
— ¡Por supuesto! Entra cariño, siempre eres bienvenido a mi departamento. Tuviste suerte de encontrarme, porque acabo de llegar, muy pocas veces estoy aquí.
Pasaron a la sala de estar y Julio se sentó en el sofá, la miró fijamente y le dijo.
—Siéntate osita, ponte cómoda, despué