Capítulo 53. Pude perderla...
No supo en qué momento se quedó dormida. Era evidente que lo que le habían dado no era un analgésico.
Ámbar despertó en un lugar desconocido. No tenía capucha, mordaza ni ataduras, y estaba completamente sola.
Le dolían un poco las muñecas y los tobillos, y aún le duraba el dolor de cabeza.
Sólo veía un amplio campo a su alrededor, mientras la sombra del árbol bajo el cual estaba, se estiraba por efecto de los rayos del sol del atardecer.
Se quedó quieta unos momentos hasta que su aturdimiento