Tohbías
Me siento cautivado y cegado por cada curva de la preciosa pelirroja que tengo frente a mí. Paso saliva cuando toqueteo sin pudor su teta, cabe perfectamente en mi mano y su pezón está duro.
Ella no necesita de artimañas para seducir a ningún hombre. Con solo sonreír creo que todos perdemos la cabeza por ella. Pero es mía y solo yo puedo embriagarme con su cuerpo.
Sus turgentes pechos se acoplan perfectamente a mis manos, sin cuidado los aprieto y pellizco a mi antojo.
Veo todo rojo