56. Noche de chicas
El ronroneo del motor se mezclaba con la música que inundaba el auto mientras Andrea observaba las luces de la ciudad desdibujarse en la ventanilla. Sara, con una mano en el volante y la otra tecleando en su celular, frunció el ceño.
—Andrea, lee esto —ordenó, lanzándole el teléfono.
Con dedos temblorosos, Andrea desbloqueó la pantalla y leyó:
—Código rojo. En el As de copas. ¡Ahora!
—¡Carajo! —exclamó Sara y pisó el acelerador, cambiando de carril con brusquedad. Una sinfonía de bocinazos e i