51. Hermanas
Andrea se aferró al borde de la silla, sus manos sudorosas traicionando su nerviosismo. Luchó por mantener la compostura mientras observaba a la entrevistadora. La mujer hojeaba su currículum con una lentitud exasperante, su mirada revelando una inquietante mezcla de curiosidad morbosa y desdén.
—Entonces, señora Villanegra... o ¿prefiere el García? —preguntó la mujer,
Andrea tragó saliva.
—Mi apellido de soltera está bien —respondió, su voz apenas un susurro.
La mujer reaccionó con una media