20. Mío
Andrea se detuvo en seco frente a la puerta del baño de la universidad al escuchar un sollozo. Su mano quedó congelada sobre el picaporte al reconocer la voz de su amiga Lucía, y se inclinó cerca de la puerta, presionando su oído contra la fría superficie.
—Qué voy a hacer, Lu. Ya se nota. —La voz entrecortada de Susan Rangel era inconfundible—. Mamá me interrogó en el desayuno y los nervios me traicionaron.
—Shhh, cálmate. No es posible que…
—¡Me amenazó con llevarme al médico esta tarde! —exc