Enza sintió que estaba clavada contra la fría piedra. Su corazón empezó a latir en sus sienes mientras él la besaba con una furia absoluta. Su cuerpo se llenó de un calor sordo que se reflejó en sus labios. Su boca severa era como un asalto implacable del cual no podía escapar. Sintió surgir en su interior una ola abrumadora similar al deseo. Con la boca entreabierta, trató de seguir el ritmo indescriptible de sus labios devorando los suyos. Él deslizó su mano sobre su muñeca cuando ella colocó