Enza se volvió mientras sentía que las bolsas en sus manos caían al suelo. Tuvo la sensación de que su corazón dejó de latir por un segundo. Estaba allí, frente a ella, vestido como un hombre de negocios, casi idéntico al atuendo que llevaba en el funeral de su despreciable hermano. Enza inicialmente sintió que el jeque la había manipulado, ya que claramente no tenía la intención de dejarla ir sola en ningún momento. Luego, repentinamente, ese sentimiento desapareció, dejando lugar a un gran al