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Enza hizo una leve mueca cuando los dedos del jeque se apretaron contra los suyos cada vez más fuerte a medida que avanzaban. Su palma estaba literalmente pegada a la suya, llegando a sentir la humedad de sus manos mezclarse. Con los labios apretados, caminaba a su lado, aprovechando la fuerza que él tenía en el brazo para superar los obstáculos más difíciles. Bajó la mirada para buscar su mano atrapada en la suya, literalmente sofocada por la del jeque. Sus feroces mandíbulas estaban tensas com