Al abrir los ojos con dificultad, Enza tuvo la horrible sensación de revivir la misma escena que dos días antes. Apretó sus manos en las mantas mientras hacía una mueca. Sus sienes le dolían horriblemente. Tenía la sensación de estar jadeante, agotada de todas sus fuerzas. Su memoria, en cambio, estaba intacta. Recordaba todo, hasta que le pinchó el brazo con la misma vivacidad que en aquel bosque frío y húmedo. La vergüenza la hizo cerrar los ojos porque ahora él sabía todo. Su plan había fall