Las luces de la habitación donde tenían a Jew se habían apagado y ahora solo iluminaba la habitación una pequeña luz mostaza de una mesita de noche.
Betsy estaba acurrucada en el sillón cerca de la cabecera de la cama. Sentía sus piernas entumecidas, pero no le importaba. Ella se sentía peor que sus piernas.
Lloraba a cántaros y sentía que había tocado fondo en esa situación. Había dejado de fingir que no le interesaba lo que el resto de personas le dijeran, porque, el haber recibido la visita d