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La noche no trajo descanso.

Trajo capas.

Umbra Lux se apagó por sectores, no por completo. Algunas fogatas quedaron encendidas más de lo habitual, no por frío, sino por costumbre nerviosa. Otras se extinguieron antes de tiempo, como si quienes las custodiaban necesitaran demostrar —a sí mismos, quizá— que no dependían de la luz para sentirse a salvo. Yo recorrí esos cambios sin intervenir, sintiéndolos como se siente un clima que todavía no se decide.

Había pasado el primer nombre.

No el último
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