El amanecer se filtró a través de la cortina de agua de la cascada, no como una luz brillante, sino como un resplandor lechoso y difuso que llenaba la cueva de un gris melancólico. Con la luz llegó la plena conciencia del dolor. La adrenalina de la noche anterior se había desvanecido por completo y había dejado en su lugar un inventario detallado de cada corte, cada contusión y cada músculo desgarrado.
Me desperté de un sueño superficial y febril con un gemido ahogado. Mi tobillo era una masa d