La tensión en la habitación se hizo añicos ante el corte afilado de la voz de Claire.
—¿A qué viene tanto alboroto?
—Claire, gracias a Dios que estás aquí —exclamó Vanessa, corriendo hacia ella como una damisela en apuros—. Hay un gran problema. Es mi memoria USB —sollozó—. ¡Juro que la guardé a buen recaudo en mi cajón, pero ha desaparecido!
Un ceño fruncido surcó la frente de Claire.
—Revísalo bien, Vanessa —aconsejó—. Tal vez la pusiste en otro lugar. ¿Y qué hay exactamente en esa memor