Capítulo 30 Mala noche.

Sus manos sujetaban la delgada cadera, mientras su cuerpo se balanceaba y su lengua dibujaba círculos en esas pequeñas y rosadas tetillas, mientras sus oídos disfrutaban de los dulces gemidos, lo que provocó que su liberación alcanzara casi la cúspide.

— Renzo. — la voz de Huang llego de algún lado, mezclándose con el mejor sueño que estaba teniendo, y casi gimió al poder al fin liberarse. — Renzo. — sus ojos se abrieron, dándole paso al blanco techo y el sentir húmedo en su pelvis.

— No puede
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