~Danica
Becca no perdió el tiempo. Se arrastró por mi cuerpo, clavando sus rodillas en mis hombros contra los cojines de terciopelo hasta que su coño empapado quedó flotando justo encima de mi boca.
Miré hacia arriba, con la respiración entrecortada al ver su coño desde este ángulo. Estaba completamente abierto, los labios internos de un rojo profundo e intenso en lugar del pálido rosa que había visto antes.
—Por favor, cómete mi coño, Danny —gimió Becca, con la voz quebrada—. He estado cacho