~Kayla
Sentí que el aire abandonaba la habitación. Mi pecho estaba tan apretado que pensé que me desplomaría. Las lágrimas nublaron mi visión mientras miraba a Liam. Se veía tan pequeño, parado allí con los lirios marchitos y el vino que había comprado para una mujer que no lo merecía.
—«Liam, bebé...», logré decir con dificultad, extendiendo una mano hacia él.
—«¡No me digas bebé! ¡No me digas maldito bebé, Kayla!», rugió. Su rostro era una máscara de agonía. Respiraba con dificultad, con los