Capítulo 23
Punto de vista de Seraphina
El espejo no mentía, pero empezaba a ser despiadado.
Me incliné hacia el tocador, los dedos temblando mientras aplicaba una capa de corrector caro bajo los ojos. Estaba pálida. No la palidez delicada y etérea que solía hacer que los hombres quisieran envolverme en cachemira y llevarme a la cama, sino una grisura enfermiza y amarillenta. La clase de palidez que olía a edad.
Edad. La palabra era una maldición.
Pasé la mano por el mármol del tocador y una bo