Capítulo 4

Hade Smith

Me remuevo entre las sábanas, arrugando mi ceño, e intentando cubrir mis ojos, con la mano, de los rayos del sol.

Me despierto con un dolor de cabeza insoportable y ver que mi padre abrió las cortinas de las ventanas me irrita aún más.

Suspiro en forma de molestia y me siento en la cama mirando hacia delante, en un punto fijo, intentando pensar en todo lo que pasó en las últimas venticuatro horas.

«¿Cómo es posible que la vida pueda cambiar tanto en solo segundos? »

Me siento tan perdida, no sé que debo hacer a partir de ahora. Por primera vez en mi vida siento que mis planes se han ido al carajo. También esta la noticia de que mi madre pueda estar viva y no sé como voy a averiguar que hizo para que yo me encuentre en esta situación ahora.

«Si tan solo supiera quien es el chico que me ayudo ayer»

Sacudo la cabeza, saliendo de mi trance y alejando cualquier pensamiento de mi mente y me pongo de pie para comenzar a prepararme.

Me tomo todo el tiempo necesario hasta creer estar lista para salir hacia la escuela.

Ahora, la verdadera razón... No quería encontrarme con mi padre, no quiero ni estoy en condiciones de discutir o tomar una decisión en estos momentos. Así que cuando creo que ya se ha ido, me doy cuenta que han pasado dos horas desde que me levanté por lo que corro para irme de una vez.

Pero al parecer el clima me jugó una mala pasada. Abro la puerta de la entrada y veo como las gotas de agua provenientes del cielo se esparcen por la calle hasta cubrirla.

«Lo que me faltaba. Ya de paso que venga un ovni y me secuestre por Dios.»

¿No había sol cuando me levanté?

«Te estás volviendo loca.»

Oh no, claro que había sol, si fueron los mismos rayos los que me despertaron, ¿No?

«Lo que yo digo, te estás volviendo loca»

Como si no fueramos la misma persona.

Recargo mi cuerpo del marco de la puerta y dejo caer mi cabeza sobre este también, cerrando los ojos y poniendo un punto final a la batalla con mi yo interna.

Me desagrada la lluvia porque dificulta salir, pero a la misma vez me encanta el aire gélido que invade todo el lugar y el olor que desprenden las plantas y la tierra cuando comienzan a humedecerse. Es tan fresco, tan agradable y embriagador, que me quedo por algunos minutos en esa posición, permitiéndome escuchar el sonido exacto que hacen las gotas al estrellarse con la superficie de algún objeto o simplemente el suelo.

«Eso es raro Hade

Sí, es raro, lo sé, pero simplemente me gusta.

El sonido de las ruedas de un auto atropellando los pequeños charcos de agua que hay en la calle hasta hacerla salpicar, llama mi atención, haciéndome abrir los ojos.

Otro auto no.

Me pongo alerta rápidamente, irguiendo mi cuerpo mientras sostengo el pómulo de la puerta con fuerza y separo mis piernas para desplazarme más rápido en caso que necesite entrar y miro detalladamente el auto.

Muerdo mi labio inferior con nerviosismo y siento como mi cara pierde su color característico para dar paso a un blanco sin vida, mientras me mantengo expectante de los próximos movimientos que ocurren frente de mi. La ventanilla del auto baja y deja ver a... ¿a Nick?

«¿Tanto papel de películas de terror y misterio como serie de suspenso para ver a Nick?»

Deberías alegrarte que "solo es Nick".

Expulso todo el aire que había retenido y dejo caer mis hombros, volviendo a una postura más natural.

—Hade, buenos días —pronuncia Nick agitando su mano en forma de saludo.

—Buenos días para ti también.

—Voy para la escuela, si quieres puedo llevarte.

—Oh, no, gracias. Yo, voy a... —Me interrumpió antes de que pudiera terminar cualquier mentira que me iba a inventar, porque la verdad era que no tenía como llegar a la escuela.

—Vamos Hade, ¿cómo vas a llegar? ¿Con un paraguas? La escuela no te queda muy cerca, llegarías mojada completamente. Somos amigos, ¿no? —asentí ligeramente y Nick abrió la puerta del copiloto y me hizo seña con su mano para que fuera—. ¡Ven entra, o llegaremos tarde! —gritó.

Dudé por un segundo si debía ir, pero siendo sinceros, no me apetecía quedarme sola en mi casa luego de la amenza de ayer. Así que cerré la puerta y corrí hasta el auto, sentándome al lado de Nick, el cual me miró divertido y yo comencé a reir también. Recogí mi cabello en una coleta y puse la mochila sobre mi regaso mientras hablaba con Nick de cosas cruciales hasta llegar a la escuela.

Me despedí de él para caminar hacia el salón de clases de Inglés, una de las pocas asignaturas que no compartía con Emma y a pesar de todo me alegra que fuera así.

No estoy lista para hablar sobre lo que ocurrió y Emma es una de las personas que más me conoce y no se detendría hasta contarle que me sucede.

Mientras camino por los pasillos mi celular comienza a sonar, la pantalla se enciende, mostrando "Número privado", al igual que la noche anterior. Mi mano sostiene el celular con fuerza, a la vez que mi respiración se descontrola y comienzo a mirar hacia mis alrededores, lo cual resulta inútil, ya que hay cientos de estudiantes pasando a mi lado. Un golpe en el hombro hace que mi celular caiga al suelo y yo vuelva a la realidad.

—Disculpa —dice el chico tomando mi brazo, evitando que caiga y yo paso mi vista ligeramente por su cuerpo sin prestar atención.

Entonces algo viene a mi mente derrepente. Su toque, su olor, su cuerpo, es él, el chico que me ayudó ayer. Puedo olvidar un nombre o rostro, pero nunca el olor o contestura física de alguien.

Volteo rápidamente con la esperanza de poder verlo, pero eso no sucede. No hay nadie detrás de mi, solo los grupos de chicas conversando, algunos deportistas también y el flujo de personas igual que antes.

Siento como si hubiera perdido una de las mejores oportunidades de saber más sobre este asunto, vuelvo a estar en el mismo punto de antes, en cero.

Tocan mi hombro y rápidamente me giro, encontrándome a Nick con mi celular en la mano y su ceño fruncido.

—¿Estás bien? —pregunta mirando mi expresión y yo asiento tomando mi celular de regreso.

—Sí, gracias.

—Venía a preguntarte si te apetece ir al cine mañana conmigo.

—Claro, envíame la hora en un mensaje. —Respondo casi en automático, sin reparar en mis palabras y a pesar de que noto su confusión añado—:  Tengo que irme, hasta luego.

Antes de que pudiera replicar emprendí mi camino y entré al salón.

[...]

Cuatro días. Ese ha sido el tiempo que ha pasado desde la última vez que ocurrió todo.

Cierro mi laptop y pongo mis gafas sobre el escritorio, dejándome caer sobre la cama sin ningun esfuerzo. Observo las pequeñas estrellas junto a una luna, que hay pegadas en el techo de mi habitación, de esas que al apagar las luces brillan, como si fuera una forma de crear tu propio cielo.

Sonrío como tonta al recordar el día que las puse ahí. Mi padre trajo una escalera metálica para que yo alcanzara, ya que estaba empeñada en ser yo quien las cololocara allí.

Pasé tantos momentos buenos con mi padre que es imposible no recordarlos todos sin algo de dolor.

Unos golpes en la puerta interrumpen mis pensamientos. Me siento en el borde de la cama acomodando mi cabello mientras tomo el celular nuevamente en mis manos.

—Puedes entrar papá.

—¿Podemos hablar? —Me quedé en silencio, evitando el contacto visual por completo y él añadió— Hade, por favor, algún día tendremos que hablar.

—Sí, es verdad. —Me levanté de la cama y me senté en la silla frente a mi escritorio—. Siéntate, yo tambien quiero hablar contigo. —El silencio se hizo presente por varios segundos, hasta que él comenzó a hablar.

—¿Recuerdas la primera vez que te llevé al cine? Decías que querías una pantalla tan grande en casa para ver las películas de Disney como la que había allí. Admito que no fue una tarea fácil convencerte para abandonar la sala, incluso te aguantaste a uno de los asientos y si no es porque se me ocurrió hacerte cosquillas creo que aún estuvieramos allí —finalizó riendo y yo junto a él, hasta que un poco de nostalgia invadió nuestros rostros.

—Extraño eso, extraño cuando pasábamos más tiempo juntos, cuando tenías tiempo para mi, cuando me demostrabas que te importaba —agachó la cabeza—. Era más feliz cuando te preocupabas por darme lo mejor y no hablo de lo material, sino en darme lo mejor de ti, tu amor. Eso me importaba más que todo lo que tengo ahora, ¿por qué tuvo que cambiar todo papá?

—Perdón, yo... Hade perdóname por favor. —Sus rodillas se inclinaron hacia adelante hasta apoyarse en el suelo y quedar arrodillado delante de mi—. Perdóname, perdóname por no ser el padre que tu merecías, por no ser lo que esperabas, por no cumplir mis promesas, por mentirte, pero sobre todo perdóname por hacerte daño —sostuvo mis manos mientras las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas y yo me puse de pie, intentando que él hiciera lo mismo—. Solo no me odies, tu eres lo más importante en mi vida Hade, eso nunca cambió.

—Papá no hagas esto, levántate —dije dándole paso a que las lágrimas llenaran mis ojos—. Yo nunca te podría odiar, porque eres todo lo que tengo. Quiero que me disculpes a mi también, es verdad que no debiste mentirme, pero yo te juzgue mal, no tuviste la culpa de que mi mamá nos abandonara. Me arrepiento por lo que dije ese día, fuiste el mejor padre que pude tener y si hasta ahora no me hizo falta Helen, no lo va a hacer en un futuro. No quiero estar peleada contigo papá, se siente horrible. —Él se terminó de poner de pie y atrajo mi cabeza hacia su pecho, rodiando mis hombros con su otra mano.

—Mi niña, si aún no es muy tarde, quiero intentar ser el padre que necesitas y no el que yo creí que sería mejor. Te quiero Hade.

—Yo también papá.

Mi vida se había vuelto un caos, sin embargo por estos segundos me sentí bien. Mi padre y Emma eran lo único que tenía hasta ahora, sin ellos estaba sola por completo y eso era lo último que quería ahora mismo.

Mi padre abandonó mi habitación un rato más tarde y yo me acosté, aunque me costó mucho dormirme.

Ya no estaba segura de querer encontrar a mi madre, ella tomó su decisión, alejarse de mi y no estoy dispuesta a darlo todo por alguien que no lo merece.

Suspiré decidida a rendirme y cerré mis ojos, pero aún así volvió a aparecer su rostro.

«¿Quién eres chico misterioso?»

«¿Por qué huyes siempre?»

«No sé cómo, pero juro que te voy a encontrar.»

[...]

Entré los apuntes en mi mochila y me dirigí hacia la salida. Como estaba muy cerca de las gradas, decidí salir por la parte de atrás, atravezando el campo de fútbol, a la misma vez que colocaba mis audífonos con música a todo volúmen, amaba hacer eso cuando estaba sola, me transmitía paz.

Cuando estaba a mitad del campo, levanté mi vista del celular, y ahí estaba él. El pelinegro lanzó su cigarrillo al suelo y me miró fijo a los ojos por unos segundos, para luego darme la espalda y comenzar a caminar.

Los latidos de mi corazón se aceleraron, no podía dejar que se fuera de nuevo, quería verlo.

—¡Ehhhh! Hey, espera un momento! —grité, quitando los auriculares de mis oídos para echarme a correr detrás de él, pero una mano en mi hombro me detuvo.

—Hade, vengo llamándote desde hace rato, menos mal que te quitaste los audífonos, mis piernas duelen de tanto correr —hablaba Emma con la respiración entrecortada y yo volví a mirar hacia donde estaba el chico.

—¡No, por dios, de nuevo no! —dije con frustración, golpeando el suelo con mi pie y Emma dirigió su mirada hacia donde yo estaba enfocada.

—¿Pasa algo? —apreté mis labios y suspiré fuerte negando con la cabeza.

—No es nada, descuida.

—Vale. —Su mirada cayó sobre sus zapatos y una expresión de tristeza se apoderó de su rostro—. Hade no quiero que vaya a sonar mal esto, pero ¿pasa algo entre nosotras? ¿Estás molesta conmigo? Me has estado evitando todos estos días y no respondes mis llamadas ni mensajes.

—Yo, Emma lo siento. No has hecho nada malo, ni estoy enojada contigo, solo he estado ocupada con asuntos familiares. —Emma me dedicó una mirada de comprensión y me regaló una sonrisa de boca cerrada.

—Sé que no quieres hablarme sobre algo y no pasa nada, lo harás cuando creas que es el momento, solo quiero que sepas que voy a estar aquí, siempre voy a estar para ti. —Se acercó a mi y me envolvió con sus brazos, dándome un abrazo cálido—. Bueno, tengo que ir a buscar mi mochila, está en el salón de música. Me esperas y vamos juntas, ¿vale?

—Claro, te espero aquí —sonreí al verla echrase a correr.

Por alguna razón hoy la vi más feliz que los días anteriores y eso me gustaba, me alegraba mucho que fuera así. Reí fuerte al ver como maldecía a lo lejos una piedra con la que acababa de tropezar.

«Esa es mi Emma

Negué con la cabeza divertida repetidas veces y me giré en dirección a la salida. Dejé escapar el aire al recordar que había vuelto a perder al pelinegro, pero antes de desviar mi mirada de ese ángulo, algo me llamó la atención. Me acerqué con cuidado hasta una de las partes bajas de las gradas, había una hoja de un cuaderno doblada a la mitad. La recogí del suelo, pero antes de que pudiera abrirla Emma apareció. Asi que creí que lo mas conveniente era guardarla en mi mochila.

Caminamos juntas hacia mi casa, ya que la suya queda un poco después

—Hade, quería contarte algo. —La miré atenta y sonreí, invitándola a continuar—. Llevo dos semanas viéndome con un chico y quería comenzar a salir con él, sabes, darle una oportunidad, a partir de mañana en mi fiesta de cumpleaños. Pero antes quería saber tu opinión. Disculpa si no lo conté antes Hade... —La interrumpí antes de que siguiera, era increíble lo rápido que podía llegar a hablar cuando estaba nerviosa.

—Emma calma, no tienes que disculparte por nada. Me alegra que confíes en mi tanto como lo haces y, antes de dar mi opinión creo que te faltó un dato. —La miré en forma de sorna y ella golpeó su frente con la palma de la mano.

—Claro. Es Kevin, el capitán del equipo de fútbol de la escuela. Sí, suena a cliché, pero te puedo asegurar que no todo lo que cuentan sobre los deportistas es cierto.

Reí al escuchar eso último, pues me recordó el día que conocí a Nick.

—Conozco a Kevin, en la escuela se habla mucho de él y en mi opinión no parece un mal chico en lo absoluto. Me alegra que le des una oportunidad y tranquila, todo va a salir bien. —Sus mejillas se pusieron rojas de la emoción y me dió un pequeño abrazo por encima de mis hombros.

—¿Y como van las cosas con tu nuevo amigo, Nick?

—Pues la verdad es un buen chico. Hemos salido esta semana —me dedicó una mirada pícara y aclaré rápidamente—, como amigos y es una persona increíble. Me agrada mucho sinceramente, es educado, inteligente y divertido. Todo va bien, tenemos que quedar un día, quiero que lo conozcas, te caería muy bien.

—Claro que sí, ven mañana a mi cumpleaños con él, yo lo invito —asentí con la cabeza mientras ella comenzaba a hablar de otras cosas y así durante todo el camino hasta que llegué a mi casa.

La tarde transcurrió tranquila, pasé tiempo con mi padre viendo series y luego preparamos la cena junto, en realidad extrañaba todo esto. Él se fue a dormir temprano, por su horario al día siguiente en el trabajo y yo hice lo mismo, solo que un poco más tarde, ya que esperé que fueran las 12:01 am para llamar a Emma felicitándola. Era nuestra costumbre siempre, felicitarnos de primera en cada cumpleaños.

Ya había llegado el sábado, solo que este sería diferente a cualquier otro fin de semana. Nunca imaginé que marcaría mi vida para siempre.

____________________________________

Nota: Hola.

¿Les gusta la historia? Si hay algún error por favor no duden en decirme, soy nueva y sin experiencia alguna.

Muchos besos a todos 😘

Capítulos gratis disponibles en la App >

Capítulos relacionados

Último capítulo