Capítulo 59: Como el pecado original.
El sonido de las gotas de lluvia chocando con los altos ventanales, rompía el silencio que reinaba en aquella habitación. A la luz de un rayo, los ojos violeta y celestes seguían mirándose fijamente en aquella oscuridad intencionada. La noche había caído sobre el castillo de Devonshire, y las caricias de unas manos femeninas reconfortaban el corazón de un hombre que, a ojos ya cerrados, sentía su alma acompañada en aquella soledad que durante tanto tiempo soportó.
Cuando los ojos de Henrick Go