—Pavel, suéltame —digo llena de frustración.
—Kira confía en mí. No le harán daño —me asegura él mientras unas personas se llevan a mi hijo.
—Suéltame, eres un maldito traidor —reclamo, mientras veo cómo mi pequeño se aleja en manos de desconocidos.
—Kira, te vas a hacer daño —suplica, mientras grito y pido que me suelte. Él me abraza, pero yo lo golpeo.
—Confié en ti, creí que eras una buena persona —murmuro entre llanto.
—No soy una buena persona —me indica sin soltarme—. Aun así, tú eres lo