Me abalanzo a Zaideth y abrazo su cintura con mucha fuerza, me aferro a ella y aprieto mi rostro en su vientre. Sé que con ella puedo dejar de fingir ser fuerte, ella me trasmite la confianza para serlo.
—Amor. —Ella acaricia mi cabeza con sus suaves y pequeñas manos—. Llora, no te preocupes, suéltalo. Está bien.
Es la primera vez que lloro tanto, que suelto toda mi tristeza frente a alguien. Por lo general, soy de los que lloro en silencio, pero esta vez es diferente.
Me doy cuenta, Zaideth es