Mundo de ficçãoIniciar sessão—¡Deja de regañarme, maldita sea! —gritó Walter con voz dolida.
Aquel grito me cortó abruptamente la respiración. Comencé a escuchar unos pequeños sollozos al otro lado de la línea, eran casi inaudibles, pero lo sabía, Walter estaba llorando.
Entonces lo entendí, ¿qué podía hacer Walter si no lo dejaban salir de allí? Estaba encerrado, sin nada que hacer a no ser que se p







