El día siguiente llegó con una sensación de inquietud en el aire. Clara despertó antes del amanecer, el corazón palpitante por la revelación que había recibido la noche anterior. Las palabras de Marco aún resonaban en su mente, y cada vez que pensaba en Dorian, un escalofrío recorría su columna vertebral.
Mientras la luz del sol comenzaba a filtrarse por las ventanas de su habitación, Clara se dio cuenta de que no podía permitir que el miedo dictara sus acciones. Tenía que actuar, y rápidamente