CAPÍTULO 28. LAMENTO LA DEMORA
Isabella se dirigió a la sala de juntas y acomodó las carpetas sobre los lugares de cada uno de los abogados que asistirían. Antes de que llegara a la puerta, se dio cuenta que Guillermo estaba recargado en uno de los muros, viéndola.
— ¿Se le ofrece algo, abogado? —Isa acomodó su cabellera hacía uno de sus hombros y sonrió de manera coqueta.
—Un beso —respondió él, cerrando la puerta de la sala de juntas, la tomó por la cintura y se acercó a sus labios, para saborear su dulce sabor.
—También l