Adal se encontraba en la oficina mirando hacia la nada, mientras intentaba hacer que la culpa desapareciera de su mente, pero por más que lo intentaba, los ojos de la castaña en su mente hacían que todo fuera más difícil… Dios, creo que lo mejor es reparar el daño.
Adal toma su teléfono y marca el número de Tania.
- Señor Müller, ¿necesita algo? – responde Tania.
- Comunícame con Marta, la diseñadora de interiores.
- Claro, señor. – al minuto, Marta se comunica con Adal.
- Qué sorpresa tu l