Paul se burló al oírlo: —Así que esta vez se casarán de nuevo.
—Sí. —Sabrina asintió.
«Es destino.»
Francisco llegó en menos de veinte minutos.
Sabrina lo vio, se levantó y saludó: —¡Aquí!
Francisco se acercó, cuando vio a Paul sentado frente a Sabrina, se quedó sorprendido.
—Hola, mi cuñado. —saludó Paul con una sonrisa.
Francisco miró a Paul y Sabrina, un poco insensible, —¿Qué?
Sabrina cogió el brazo de Francisco y le presentó: —Cariño, déjame que te presente, Paul y yo somos compañer