—¿Medicina? No voy a tomar ninguna medicina, ¡no estoy enferma!
Tampoco sabía qué nervio de Hilaria había tocado, pero apartó a Violeta de un manotazo.
—Señora, no tenga miedo, soy yo, ¡soy Violeta!
Los ojos perdidos de Hilaria tardaron un momento en enfocar, y su expresión también se apaciguó poco a poco. —Sí, eres Violeta, a quien yo misma he criado. ¿Cómo ibas a hacerme daño?
Se tragó la medicina y bebió un vaso de agua.
—¿Cómo van las cosas con la familia Suárez?
—Sigue siendo un caos. Están