Diego soltó una risa suave: —Lo sé, ya sea que esté dormido o despierto, no quiero soltar tu mano.
Su rostro estaba pálido, incluso más que de costumbre, lo que le daba un aspecto enfermizo.
Después de pasar por la experiencia de vida o muerte, solo la cirugía en sí misma había llevado mucho tiempo. Pero ahí estaba él, después de despertar, como si no hubiera pasado nada.
—Escuché que no te administraron anestesia.
—No, tuve miedo de que si moría, no pudiera verte por última vez.
Respondió con c