Hermana Landa abrió la boca para aconsejar a Clara, pero esta hizo un gesto con la mano. —Quiero descansar un rato, no dejes que esa persona entre, no quiero verlo.
—...Está bien.
Hermana Landa cubrió a Clara con la manta y se retiró. Fuera de la habitación, Diego sostenía a Claudio, cuyo rostro estaba cubierto de grandes lágrimas, luciendo especialmente desamparado.
—Papá, quiero a mamá. —Claudio agarró el cuello de Diego con una expresión triste.
Claudio estaba a punto de cumplir tres años y y