Los largos dedos de Diego golpeaban la mesa de forma intermitente, observando cómo, al fin y al cabo, se había evidenciado la verdadera intención.
Tras las palabras de tío López, todas las miradas se posaron en Diego.
Algunos comprendían la situación, otros estaban furiosos y cuestionaban: ¿qué estaba tramando?
Sin embargo, en medio de la tormenta de opiniones, Diego permanecía imperturbable, golpeando la mesa rítmicamente con los dedos.
No estaba nervioso, pero tío López sí. Después de hablar,