Paloma agarró emocionada la mano de Clara. —¿Adiós? ¿A dónde vas? —preguntó.
—No te preocupes, solo quiero encontrar un lugar para descansar un rato.
Paloma notó que Clara estaba vestida de negro, sin vitalidad, fría como el hielo, supuso que quería despejarse.
—¿Estarás fuera mucho tiempo?
—Sí, creo que sí —contestó Clara.
—Alejarse de este lugar que entristece no está mal.
Paloma, quien siempre estaba alegre y extrovertida, pero sin saber cómo consolarla. Las heridas que había sufrido Clara no