Diego se fue y Clara cayó en una profunda depresión.
Laura notó cómo la luz que apenas se asomaba en los ojos de Clara desapareció por completo. Clara permanecía sentada en silencio junto a la ventana. Aunque la hinchazón en su rostro había disminuido, su tez estaba pálida y sin color.
Miraba fijamente la cortina de lluvia afuera, con la mirada perdida.
—Clara, seguro que tienes hambre. Acabo de preparar algo en la cocina. ¿No dijiste hace poco que tenías antojo de fideos? ¿Por qué no pruebas y