Diego no pronunció palabra alguna, pero su rostro serio irradiaba un intenso frío que envolvía a Clara.
Su garganta se movió ligeramente y dijo: —Desearía que no tuviera nada que ver contigo. El día que fuiste allí, pasaste tres horas en el cementerio. ¿Puedes decirme qué estabas haciendo?
Clara encontró la situación francamente ridícula. —Te lo he dicho, fui a visitar a la abuela. ¿Está mal que quiera conversar un poco con alguien? Es una tumba, no una pieza de pan. Se rompió con un simple golp